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«Los niños por debajo de la edad de responsabilidad penal no deberían tener conexión a Internet en el móvil»

Según la fiscal delegada de Menores para la Comunitat Valenciana, Gema García, todos los días llegan delitos perpetrados con el teléfono móvil a su área de menores. Así lo aseguró el pasado día 7 de agosto durante un curso de verano que la Universidad Católica de Valencia celebraba en Santander. Entre este tipo de delitos se incluyen denuncias referidas a casos de sexting y grooming, explicó García .

La fiscal añadió que el acoso escolar también ha pasado a las nuevas tecnologías dando lugar al llamado ciberbullying, que puede implicar «delitos como injurias, amenazas o contra la intimidad o la integridad personal a través de las redes sociales». Por ello, considera que «no se debería permitir que los menores de 14 años dispusieran de un teléfono con conexión a Internet» para evitar que puedan ser víctimas o incluso autores de estos delitos.

Esa es la edad de responsabilidad penal y según alertó García, hay niños de 10 años que usan estos teléfonos inteligentes sin que los padres les den la «formación necesaria para el conocimiento de los límites».

Fuente: Las Provincias

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El nuevo Código Penal español recoge algunos ciberdelitos contra los menores o que también pueden cometer

El 23 de diciembre entró en vigor la enésima reforma del Código Penal español. En él se incluyen algunas variaciones importantes relativas a los ciberdelitos. Analizamos algunas de ellas:

Modificaciones penales sobre ciberdelitos

  • Será delito “borrar, dañar, deteriorar, alterar, suprimir o hacer inaccesibles datos o programas informáticos ajenos y el acceso sin autorización a datos o programas contenidos en un sistema informático” y también “obstaculizar o interrumpir el funcionamiento de un sistema informático ajeno” (por ejemplo un sitio web).
  • Así mismo se castiga “Descubrir y revelar secretos: acceso sin autorización vulnerando las medidas de seguridad a datos o programas informáticos contenidos en un sistema o en parte de él.” En este delito podría incurrir por ejemplo quien accediese a la cuenta de una red social online de otra persona sin permiso, o quien robase sus fotos de sexting, con intenciones de realizar bullying, acoso o sextorsión, por poner algunos casos.
  • El artículo 183 bis tipifica como delito el grooming cuando se intenta llevar a un encuentro físico. Esta nueva figura delictiva pretende sancionar la conducta de quienes por medios telemáticos (Internet o móviles) contacten con menores de 13 años (edad de consentimiento sexual legal en España) para encuentros con fines sexuales:

    «El que a través de Internet, del teléfono o de cualquier otra tecnología de la información y la comunicación contacte con un menor de trece años y proponga concertar un encuentro con el mismo a fin de cometer cualquiera de los delitos descritos en los artículos 178 [atentar contra la libertad sexual de otra persona, utilizando violencia o intimidación] a 183 [atentar contra la indemnidad sexual de un menor de trece años] y 189 [captar o utilizar a menores de edad o a incapaces con fines o en espectáculos exhibicionistas o pornográficos, tanto públicos como privados, o para elaborar cualquier clase de material pornográfico], siempre que tal propuesta se acompañe de actos materiales encaminados al acercamiento, será castigado con la pena de uno a tres años de prisión o multa de doce a veinticuatro meses, sin perjuicio de las penas correspondientes a los delitos en su caso cometidos. Las penas se impondrán en su mitad superior cuando el acercamiento se obtenga mediante coacción, intimidación o engaño».

  • El sexting entre menores podría quedar recogido en dicho artículo 189, sobre la elaboración de material pornográfico o exhibicionista. Dicho artículo establece penas de prisión también para la posesión y difusión:

    El que produjere, vendiere, distribuyere, exhibiere, ofreciere o facilitare la producción, venta, difusión o exhibición por cualquier medio de material pornográfico en cuya elaboración hayan sido utilizados menores de edad o incapaces, o lo poseyere para estos fines, aunque el material tuviere su origen en el extranjero o fuere desconocido.

  • Se tipifica como delito la captación de niños para participar en espectáculos pornográficos y la responsabilidad de quien se lucra. Esto podría incluir los casos en que se fuerza o convence (con pago o no) a menores para producir autopornografía con sus webcams o teléfonos móviles.

Críticas a la reforma

Alguna de estas reformas ha sido criticada en ámbitos online, por las siguientes razones:

  • Convertirían en delito algunas prácticas comunes del hacktivismo, como los ataques DDoS, en cumplimiento de una Directiva europea.
  • El definir como delito la obstaculización de un sistema informático es tan vago que podría dar pie a criminalizar muchas formas de protesta online masiva, como el envío masivo de correos electrónicos o la simple visita simultánea a un web.
  • Incluso podrían cometerse delitos de forma totalmente involuntaria, al obstaculizarse por parte de los visitantes el funcionamiento de un web cuyos recursos para la respuesta no estuvieran convenientemente dimensionados, o al interrumplir un proveedor de servicios online el funcionamiento por causas técnicas. También las personas cuyo ordenador haya sido infectado y formen parte de una botnet implicada en un ataque DDoS podrían estar cometiendo un delito, según la nueva formulación del Código Penal.
  • Se critica también que no se refleje la proporcionalidad entre los daños presuntamente causados por una interrupción de protesta de un web, con los que causaría el bloqueo de una carretera o el acceso a un establecimiento público.
  • Se considera de díficil aplicación práctica por la cantidad de ataques en grado de tentativa que realizan habitualmente los robots de los crackers cada pocos minutos en la mayoría de webs.

PantallasAmigas y los delitos online

Guía e-legales para la gente 'legal' de InternetPantallasAmigas, dentro de su objetivo de promover una ciberciudadanía responsable con especial atención a la infancia y a la adolescencia, ofrece en su Guía e-Legales pautas para saberse manejar en los temas legales en Internet: cuándo están cometiendo un delito contra nosotros, cuándo nuestras acciones traspasan el límite de lo legal, etc.

La guía, dirigida a adolescentes, madres, padres y docentes, se estructura en seis apartados:

  • Infracciones legales frecuentes en la Red
  • Acciones ilegales contra las personas
  • Acciones ilegales contra el patrimonio
  • Diez casos prácticos para analizar
  • Para tener muy en cuenta.
  • Falsas creencias que se oyen en los juzgados de menores
  • La Ley se aplica siempre… también a los menores y en Internet
  • Algunas nociones básicas

Fuentes: Barrapunto, La Vanguardia y La Moncloa.

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PantallasAmigas alerta en Córdoba sobre los diversos delitos vinculados al ‘sexting’ adolescente

La producción de imágenes con contenido sexual y su distribución a través del teléfono móvil, denominado sexting, es el nuevo delito relacionado con las nuevas tecnologías que se está registrando en España. Aunque en el país es “relativamente nuevo”, tal y como aseguró ayer el especialista Jorge Flores, este fenómeno ya genera problemas en otros lugares como Estados Unidos, Reino Unido o Chile, y tiene dos protagonistas principales: el teléfono móvil y los adolescentes. En concreto, se produce cuando los adolescentes generan una imagen con contenido sexual, como por ejemplo un desnudo, y después la difunden a través del móvil.

Con estas conductas, Flores alertó de que incurren en varios delitos, pues además de generar pornografía infantil, la distribuyen, lo que puede afectar a la intimidad del menor. Ésta es una de las cuestiones que se abordaron ayer en la jornada sobre Violencia entre iguales por medio de las nuevas tecnologías, en la que Flores también abordó el acoso a través de las nuevas tecnologías entre menores, que además se produce de manera repetitiva y con intencionalidad por parte del agresor, que está en una posición de fuerza, y el grooming.

Esta conducta es una variante del acoso sexual y consiste en una estrategia de acercamiento que usan los adultos para ganarse la confianza de los menores y, en un momento determinado, dan un vuelco a su forma de actuar y pasan a una estrategia de chantajes y amenazas para conseguir concesiones de índole sexual.

El agente de la Guardia Civil especialista en delitos tecnológicos de la Policía Judicial Juan Carlos López reconoció que las denuncias presentadas ante los Cuerpos de Seguridad del Estado por estos delitos “nos están desbordando”, y aconsejó que, para evitar un mal uso de las nuevas tecnologías, los padres acompañen a sus hijos en el manejo de internet.

López recordó, en este sentido, que la edad penal en España está fijada en 14 años, de forma que lo que hagan los menores hasta que alcancen esa edad es responsabilidad de los padres.

La jornada, organizada por la Delegación de Justicia y Administración Pública de la Junta en Córdoba, está dirigida a profesionales, trabajadores sociales, educadores y asociaciones de padres y madres de alumnos, pues su participación es “imprescindible” para proteger al adolescente y favorecer la convivencia, según afirmó la delegada de Justicia, Mercedes Mayo.

El encuentro, además, tiene como objetivos la sensibilización sobre el tipo de hostigamiento e infracciones que se producen a través internet entre iguales y el modo de actuar de los ciberabusones.

Fuente: El Día de Córdoba


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Aumentan en España los delitos relacionados con menores, como la pornografía y la corrupción infantiles

Según el Ministerio del Interior, los delitos contabilizados por las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado en 2009 sufrieron un aumento drástico en en áreas como la pornografía y la corrupción de menores.

Algunos expertos señalan que esto puede deberse a dos factores: 1) la creación de brigadas dedicadas a investigar en exclusiva este tipo de infracciones hace que se estén conociendo más; 2) algunos han aumentado porque ahora son más fáciles de cometer.

El experto en criminología Santiago Redondo explica que por ejemplo los delitos de pornografía infantil «son facilitados por el acceso a las nuevas tecnologías», ya que alguien a quien le guste este tipo de material tenía más difícil conseguirlo o compartirlo antes de la llegada de Internet. «Una parte de la delincuencia depende de la oportunidad, y en la actualidad hay herramientas que permiten tener esas oportunidades», asegura.

Fuente: La Voz de Galicia


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Ligar mediante fotos propias de desnudos puede acarrear consecuencias penales

Recientemente conocimos el caso de un hombre que había contactado con una menor a través de la red social de Internet Tuenti y luego la amenazó con enseñar las imágenes comprometidas que ella le había enviado para conseguir la cita en la que presuntamente la violó.

Los adolescentes utilizan cada vez más imágenes en las que aparecen medio desnudos o en actitudes sensuales para ligar a través de las nuevas tecnologías (últimamente cada vez más teléfono móvil). Y muchas veces esas imágenes salen del contexto en que se hicieron y enviaron, o se envían a personas que no son quienes dicen ser, y se vuelven en su contra con consecuencias perjudiciales o penales; incluso trágicas.

Tan dramáticas como lo fueron para Tiri, el niño de 11 años que se suicidó en Estonia después de que su acosador distribuyera desde Puerto Real (Cádiz) entre todos sus amigos las fotografías en que aparecía semidesnudo. O el caso de Jesse Logan, la estadounidense de 18 años que se ahorcó después de haber visto difundida una foto comprometida que le había enviado al que entonces era su novio.

Los más expuestos son los jóvenes entre 13 y 17 años, según Jorge Flores Fernández, director de PantallasAmigas, una iniciativa de promoción de la seguridad de los jóvenes en las nuevas tecnologías. “Lo hacen para ligar, coquetear, o simplemente relacionarse y divertirse. Otras veces lo hacen por la presión del grupo, el sentimiento de pertenencia o el deseo de transgredir. Pero, en general, no ven las consecuencias. No creen que las imágenes vayan a salir. Pero salen, algunas veces, incluso, como una broma”, afirma Flores.

El psicólogo Javier Urra, primer Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, corrobora la motivación de los adolescentes. “Es una manera de sentirse aceptados en el mundo virtual, consideran que es su forma de hablar y que los adultos se asustan porque no las entienden. Es su espacio de autonomía, su mundo íntimo”. El 85% de los menores entre 10 y 15 años conectados a Internet, según un reciente estudio del Observatorio de la Seguridad de la Información, responde que no sabría qué hacer ante un caso de acoso en la Red, indica Urra.

La última práctica de riesgo a la que se ha dado nombre es el sexting, o envío de este tipo de fotografías a través del teléfono móvil. Jorge Flores cree que, en este caso, “el problema es mayor porque hay menos percepción de riesgo y los adolescentes tienen muy poca cultura de la privacidad”. El psicólogo cree que, para los nativos digitales, manejar conceptos como la privacidad de lo personal es muy complicado: “Creo que habrá un efecto rebote y se estabilizará, pero se necesita tiempo”.

El envío o tenencia de fotografías comprometidas de menores “pueden constituir un delito de pornografía infantil, aunque sea entre los propios menores”, asegura el director de Pantallas Amigas.

Fuente: El País


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Aumentan las quejas por alumnos que graban y publican acosos a profesores

Las agresiones y humillaciones a profesores o alumnos grabadas y publicadas en Internet es una práctica creciente que preocupa a los profesionales de la docencia, según evidencia la memoria del Defensor del Profesor, instancia a la que el año pasado recurrieron casi 3.600 docentes de toda la escala para denunciar este tipo de situaciones.

Según esta misma fuente la publicación en Internet de imágenes de actos violentos pasan del 6% al 11% de los casos comunicados. Lo denuncia Inmaculada Suárez, coordinadora del Defensor del Profesor, órgano creado en 2005 por el sindicato Anpe y que ha atendido en estos años a más de 10.000 profesores y maestros.

El aumento del 6% al 11% de la difusión en Internet de grabaciones sobre hechos violentos o humillantes inquieta sobremanera. «Las grabaciones de acoso, insultos y vejaciones que se cuelgan luego en Internet -donde es difícil establecer responsabilidades y proliferan infundios, falsas acusaciones, obscenidades y calumnias- o pasan de móvil a móvil crecen de manera preocupante» Insiste Inmaculada Suárez que incluye en su informe testimonios estremecedores como el de un profesor que se ve incapaz de regresar a su trabajo tras uno de esos episodios. «El lunes tengo que volver a clase. Estoy de baja aún tengo escalofríos. Me agredieron delante de mi hijo unos alumnos mientras otros lo grababan con el móvil. Las imágenes están en Internet. Aún creo que es un mal sueño o una pesadilla».

Fuente: La Voz de Galicia


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Recordando el caso de Justin Berry: cinco años produciendo autopornografía infantil

En un momento en que las webcams proliferan como setas por los cuartos de los menores internautas de medio mundo es útil recordar un caso que conmocionó a la opinión pública hace unos pocos años y que avanzó cuáles pueden ser algunos de los riesgos más graves que pueden acompañar a este periférico. Justin Berry, un muchacho estadounidense, montó un negocio de pornografía infantil en la que él mismo era protagonista, con tan sólo 13 años. Estuvo obteniendo beneficios de mostrarse desnudo y manteniendo relaciones sexuales ante la webcam durante 5 años. Finalmente obtuvo inmunidad de la justicia de su país a cambio de aportar información sobre el mundo de porno infantil online el que se movió durante esos años de ignorado y lucrativo delito adolescente. Hoy en día Justin da conferencias acerca de los peligros de la Red, el alcoholismo y el abuso de otras drogas.

Él era un chico normal, delegado de su clase, deportista, con buenas notas y que incluso tenía su propio negocio de desarrollo web. Pero, de manera secreta, también era una estrella de los webs de pornografía infantil desde los 13 a los 18 años. Todo comenzó cuando instaló su webcam a la búsqueda de amigas de su edad, algo que no encontraba fácilmente en el mundo real. Lo que acabó encontrando en un directorio de webcams fueron mayormente hombres que se deshacían en halagos, llenaban un vacío emocional en su vida y le ofrecían regalos. Un día uno de ellos le ofreció 50 dólares por quitarse la camiseta delante de la webcam: él pensó, “¿por qué no aceptarlos si hacía lo mismo gratis cuando iba a la piscina?”. Así fue como empezaron 5 años en los cuales acabó vendiendo imágenes de su cuerpo en Internet, masturbándose y manteniendo relaciones sexuales frente a la cámara por dinero. Llegó a tener unos 1.500 clientes que le reportaron cientos de miles de dólares.

Fue descubierto en Internet por un reportero del New York Times, Kurt Eichenwald, que acabó convenciéndolo para dejar la pornografía y acudir a las autoridades. Finalmente el caso fue desvelado al público en un artículo publicado en diciembre de 2005 titulado Through His Webcam, A Boy Joins A Sordid Online World. El reportaje revelaba la existencia desde hacía años de webs de pornografía de pago protagonizada por menores (a menudo guiados por adultos) como el de Justin, cuyos contenidos eran generados desde los cuartos cerrados de los menores, en casa de sus padres, y que seguían siendo intercambiados online incluso cuando estos webs desaparecían.

En este tipo de webs los menores (que se bautizaron colectivamente como camwhores en los tiempos de Justin) programan masturbaciones retrasmitidas en directo o incluso aceptan shows privados interactivos donde realizan lo que los clientes les piden vía chat, en una especie de Matrix de las webcams, que sólo unos pocos conocen. En otros webs más amateurs los/las adolescentes ofrecen imágenes más y más atrevidas, simplemente a cambio de recibir más votos que otros/as.

Al de un tiempo de comezar su ilegal negocio, Justin poco consciente de los riesgos que implicaba, acudió a una cita con uno de los adultos implicados en él y sufrió abusos sexuales, que marcaron el comienzo de una etapa de sórdida caída en la que negociaba dura y fríamente con sus clientes, amenazaba a otros adolescentes competidores, iba separándose de su vida real, etc. Cuando tenía 16 años un antiguo compañero de clase descubrió vídeos de Justin en Internet y los comenzó a distribuir en la ciudad, incluso a compañeros del colegio. Entonces Justin dejó de ir a clase, según le dijo a su madre por problemas con los compañeros, para seguir sus estudios a través de teleformación. Posteriormente marchó a México con su padre, a quien puso al corriente de sus actividades (según revelaría más tarde) y comenzó a emitir relaciones con prostitutas en un tercer sitio web que abrió (con un modelo mayor de edad en la portada para dar una fachada de legalidad), y a consumir cada vez más marihuana y cocaína. Sufrió repetidos abusos por parte de otro cliente y comenzó sus intentos de abandonar esa vida, vagando por los Estados Unidos, refugiándose en la religión y incluso considerando el suicidio. Pero para su adicción a las drogas necesitaba el dinero y acabó asociándose con uno de sus clientes-abusadores en un nuevo web donde además de él, se ofrecían imaǵenes de otros adolescentes: al cumplir los 18 cruzó con ellos la línea que separaba la víctima menor del abusador adulto. Fue poco después cuando fue contactado por el reportero del NY Times y se abrió para él una vía de salida de aquel mundo.

El posterior testimonio de Justin ante comités del Congreso estadounidense ayudó a endurecer las leyes de ese país contra la pornografía y el abuso infantiles en Internet.

Ya en los primeros años del siglo los adultos buscaban a menores de directorios de webcams y en webs de hacer amigos (hoy son llamados redes sociales online) y si respondían a sus mensajes comenzaban el proceso conocido como grooming. Algunos adolescentes piden regalos por medio de las listas de deseos de algunas tiendas online (uno de los habituales que reciben son precisamente cámaras de mayor calidad, para nutrir a los groomers con lo que desean), reciben recargas de móviles y otros incluso llegan a cobrar cuotas mensuales a sus clientes. En estos casos algunos negocios online se benefician indirectamente de esta lucrativa actividad ilegal.

Aunque lógicamente no todos los protagonistas de este tipo de pornografía se lucran: muchos menores ni siquiera son conscientes de ser explotados, cuando realizan sexting o sexcasting voluntariamente, y dichas imágenes acaban en webs porno. El sexting, el grooming, las webcams y graves delitos como la explotación y el abuso sexuales están unidos en la Red de una manera que los padres y los menores deberían conocer para evitar historias como la de Justin Berry.

Fuente: Wikipedia y The New York Times.